
La muerte del papa emérito Benedicto XVI ha irrumpido este sábado en una plaza de San Pedro abarrotada de fieles y divididos entre quienes lo admiraron como un «gran teólogo» de inconmensurable cultura y quienes lo consideraron algo frío y poco popular.
«He sentido un gran pesar porque era un teólogo verdadero y una persona profundamente culta y espiritual», reconoce Marina, una romana que paseaba con otras dos amigas por una plaza vaticana llena de gente, en un último día del año inusualmente cálido.
A su lado está Beatrice, de Brescia (norte) pero residente en Roma, que con tono cáustico asegura que no ha sentido «nada» al conocer esta mañana el fallecimiento del pontífice alemán.
«Nos lo esperábamos. No me ha causado ninguna emoción. Prefiero, si se puede decir, al actual papa», asegura, revelando su predilección por Francisco, el argentino que llegó a Roma para suceder a Benedicto XVI tras su histórica renuncia en 2013.
Anna, es una católica de Varese (norte) que pasea con su marido por la Vía de la Conciliación y asegura haber sentido una «gran tristeza» al enterarse de esta noticia que ha dado la vuelta al mundo.