
Por: Javier de Jesús Rodríguez.
Señor Presidente Luis Abinader, cuando la geopolítica mundial tiembla, los pueblos buscan certezas. Ante las repercusiones de la guerra en Irán y el inevitable choque en los precios internacionales de los combustibles, su reciente alocución al país demostró el temple de un capitán dispuesto a dar la cara en medio de la tormenta. Como compañeros, forjados en los mismos ideales revolucionarios, y como un dominicano que confía en la ruta que usted ha trazado, reconozco la valentía de blindar nuestra macroeconomía y proteger a los más vulnerables en esta coyuntura.
Nosotros sabemos lo que es remar contra la corriente. Juntos, desde distintas trincheras del Estado, hicimos historia cuando la pandemia del Covid-19 paralizó al mundo. En mi paso por la Dirección General de Información y Defensa de los Afiliados (DIDA), demostramos que el servicio público, ejecutado con honor, salva vidas. No solo fuimos un escudo para nuestra gente, sino que exportamos nuestro modelo de resiliencia a foros internacionales del más alto nivel, como la OISS y la CISS, sentándonos de tú a tú con naciones como Colombia, México, Brasil, España y El Salvador para enseñarles cómo la República Dominicana enfrentaba el abismo y poder defender y orientar a cada ciudadana y ciudadano.
Pero, estimado Presidente, con esa misma franqueza con la que celebramos las victorias, hoy debo decirle que, en la cubierta de este barco, le están mintiendo.
Se nos habla de contención y sacrificio compartido, pero al ciudadano de a pie lo están acorralando sin piedad. El acceso a la electricidad en un país en vías de desarrollo no es un lujo; es un derecho humano fundamental que sostiene la salud, la educación y el trabajo. Sin embargo, las distribuidoras parecen operar bajo un esquema de abuso sistematizado. He documentado expedientes que desafían cualquier lógica matemática o técnica: usuarios con un consumo histórico promedio de apenas 1,437 kWh se despiertan con lecturas de 40,355 kWh de un mes a otro. El resultado es una aberración facturada en RD$ 490,763.45. ¿Quién responde por esto? Multiplicar el consumo casi 30 veces sin justificación es exprimir el sudor del dominicano que trabaja. Esto no es inflación importada; es una falla voraz de nuestro propio sistema.
Y como su discurso omitió el tema de la salud, es imperativo hablar con una verdad ineludible: el engranaje del Sistema Dominicano de Seguridad Social, en su estructura general, posee profundas grietas normativas que permiten que se vulneren los derechos fundamentales del individuo. El mercantilismo en las salas de emergencia sigue condicionando la vida humana a un pago previo. Desde nuestra institución libramos luchas históricas para defender a la gente, pero fue precisamente al comprender las limitaciones de ese aparato estructural, y convencido de que hay batallas por la dignidad ciudadana que se libran con mayor contundencia y libertad desde afuera, que tomé la firme decisión de concluir mi ciclo como servidor público. Aún esperamos justicia real ante los fallos operativos de este sistema, pero no profundizaré en estas líneas sobre este aspecto, ya que es materia íntegra para próximos escritos; hoy, señor Presidente, la urgencia nos convoca a otra trinchera inminente.
El silencio que más aturde en la actual coyuntura nacional, y el tema que nuestro pueblo esperaba con ansias que usted abordara, trasciende el precio de los combustibles o la electricidad. Se mide en Libertad. Es el asedio descarado a nuestra soberanía ciudadana: el boicot a las candidaturas independientes.
La partidocracia tradicional está a punto de maipiolar nuestra Constitución a plena luz del día. Utilizando el más rancio tigueraje institucional, el Congreso intenta pisotear el Artículo 22 de nuestra Carta Magna y burlar la histórica Sentencia TC/0788/24 lograda por Alberto Fiallo-Billini ante el Tribunal Constitucional —y abro un paréntesis, estimado amigo: lograda por encarnar esa conciencia colectiva que todos callaban y que tú decidiste no omitir—.
La casta política le tiene pavor a la boleta libre. Tiemblan ante la idea de que un profesional capaz, un líder comunitario o un ciudadano sin deudas con el financiamiento oscuro pueda postularse y ganarles en buena lid, despojándolos de su monopolio de poder.
Señor Presidente, usted que ha llevado el estandarte de la democracia a cumbres internacionales desde Miami hasta Santiago de Chile, no permita que los arquitectos del retroceso secuestren la libertad en nuestra propia casa.
A ti, dominicana y dominicano que me lees: es hora de alzar la voz. No dejemos que nos reduzcan a simples sobrevivientes de una crisis económica mientras, por la espalda, nos roban el derecho a decidir quién nos gobierna. La soberanía no es propiedad privada de ninguna sigla partidista; es el patrimonio sagrado de cada individuo.
¡La libertad no se negocia, se ejerce! ¡Y la victoria del ciudadano libre es, hoy más que nunca, inevitable!
¡Que Viva la Libertad!