
Por Billy Renso
Asesor y estratega en marketing político, comunicación estratégica y relaciones públicas, Gestión de Riesgos
La señora Angelita Peña, con su discurso sobre la división de clases, plantea un enfoque que merece ser analizado con mucha seriedad. Utilizar la política como instrumento para dividir a la sociedad según la clase social puede resultar peligroso para la convivencia democrática.
En una democracia saludable, todos los sectores sociales deben sentirse representados y tener la libertad de simpatizar con cualquier corriente política, independientemente de su condición económica, profesión u origen. La política no debería convertir las diferencias sociales en una herramienta para enfrentar a unos ciudadanos contra otros.
Cuando se comienza a construir un discurso basado en “ellos contra nosotros”, ricos contra pobres, una clase contra otra, se corre el riesgo de transformar las diferencias políticas en una división social mucho más profunda. Y cuando esa división se alimenta constantemente, puede terminar generando resentimiento, intolerancia, radicalización y enfrentamientos entre sectores.
La historia ofrece suficientes ejemplos de sociedades donde la confrontación de clases, llevada al extremo, terminó debilitando las instituciones y creando escenarios de violencia, caos y desorden.
La política debe servir para construir puentes, no para levantar muros. Debe buscar soluciones para todos, no convertir las diferencias económicas en una batalla permanente entre ciudadanos.
Es legítimo hablar de desigualdad, pobreza y oportunidades. Lo peligroso es utilizar esos problemas para sembrar la idea de que una clase social es enemiga de otra. Una sociedad puede tener diferencias económicas sin convertirse en una sociedad dividida políticamente por clases.
Porque cuando la política deja de competir por ideas y propuestas y comienza a competir por quién logra enfrentar mejor a un grupo contra otro, la democracia empieza a perder.
La pregunta que debemos hacernos es sencilla: si hoy utilizamos la división de clases para conquistar el poder, ¿qué ocurrirá mañana cuando esa división sea tan profunda que nadie quiera volver a convivir con el otro?
El verdadero liderazgo político no consiste en incendiar las diferencias, sino en tener la capacidad de convertirlas en oportunidades para construir una sociedad más justa, estable y democrática. Está señora en vez de ayudar, está causando más problemas.