
Algunos de los presidentes de la República Dominicana no han variado significativamente la acostumbrada tradición de realizar los cambios en su tren gubernamental en el mes de agosto de cada año; sin embargo, todo el país, movido por el peso de la cultura política, y por otras distintas razones, espera siempre la noticia relativa a los cambios y a las designaciones de los nuevos funcionarios.
De igual manera, la gente está pendiente de los que se marchan – o los marcharon- de buena o de mala manera.
Con relación a las personas que ocupan los altos puestos oficiales de cada gobierno, las ciencias políticas y sociales pueden establecer con claridad los vínculos que naturalmente establecen los cuadros políticos en el gobierno con las bases de los partidos, sus dirigentes y la propia sociedad.
Por lo tanto, los cambios en el gobierno, pero no siempre, movilizan al partido de una manera u otra. Pero hay sectores más allá de la frontera partidaria, de la sociedad, que impactan directa o indirectamente sobre el acontecer político de una nación.
Pero estos sectores jamás podrán desempeñar el papel determinante de las acciones propias del partido.
En este sentido, quiero abordar el elemento “diferenciador” de los cambios realizados recientemente, hasta la fecha, por el presidente Luis Abinader en esta ocasión: ha reintegrado al tren de su gobierno a varios a cuadros políticos importante del PRM que fueron destituidos, y que en el sentir del partido y también de amplios sectores de la opinión pública consideran que sus cancelaciones no obedecieron a razones que tuvieran como base una investigación exhaustiva previa en cada caso. Esto pudo haber evitado acciones y opiniones que consideran impropias e injustas las destituciones. La lista de los destituidos es muy larga.
Hay que reconocer que el presidente Luis Abinader, con esta reincorporación de estos funcionarios destituidos, anteriormente, está actuando con justicia al resarcir moralmente a estos funcionarios, sus familiares, sus seguidores y a sus relacionados en la sociedad, que son cientos de miles de personas en todo el país.
Lo anterior es sumamente importante, porque se sospecha que sectores minúsculos dentro del propio gobierno, por intereses personales y grupales realizaron acciones indignas para que cancelaran a sus compañeros del partido.
El presidente ha reconocido públicamente, en otras ocasiones, sus propios errores, y esto lo engrandece. Ahora con esta decisión de resarcimiento moral y político de sus cuadros partidarios cancelado no hay que darse golpes de pecho – los mandatarios son seres humanos -, pues las propias acciones a presente y futuro hablarán por sí mismas. El país simplemente las leerá. Nadie cree que el presidente Luis Abinader haya planificado nada para hacer daño a sus funcionarios y dirigentes.
Sin embargo, el país sí piensa realmente que el mandatario con sus decisiones les ha causado daños involuntariamente a cuadros políticos importantes de su partido, a familiares, seguidores y relacionados de los cancelados. Pero, sabemos que las conspiraciones por intereses particulares dentro y fuera del partido existen y le hacen daño al propio gobierno.