
Higüey. En la quietud intensa de la noche de este jueves partió a la Casa del Padre la señora Altagracia Custodio Jorge, abuela materna del director de El Cuarto Poder, el periodista Ariel Cabral. Su existencia, tejida de generosidad y sacrificio silencioso, fue para muchos un evangelio vivo, una escuela de ternura y de fe donde cada gesto hablaba más fuerte que las palabras. Quienes la conocieron aseguran que en su modo de amar —sin reservas, sin dobleces, sin expectativas humanas— se revelaba la hondura de un corazón reconciliado con Dios.
Era de esas mujeres cuya presencia llenaba un espacio sin necesidad de alzar la voz. Su sonrisa, siempre cálida, parecía aliviar fatigas ajenas; y sus abrazos, largos y sinceros, tenían la misteriosa capacidad de sanar heridas antiguas. “Las huellas luminosas que ella dejó en mi vida son un refugio que no se consume con el tiempo, porque fueron sembradas en la eternidad”, expresó Cabral, profundamente conmovido, al recordar a quien para él fue un faro, una consejera, un sostén en tiempos de turbulencia.
El comunicador agradeció, en nombre de toda su familia, las oraciones, mensajes de fortaleza y expresiones de cercanía que han acompañado estos días de prueba. Reconoció que en medio del dolor, el cariño recibido ha sido un bálsamo providencial. “Que el Señor, rico en misericordia, la reciba en la plenitud de Su Luz eterna y derrame sobre nosotros la paz que sólo Él puede otorgar”, añadió.
Los restos de la señora Custodio Jorge serán velados y sepultados en Higüey, provincia La Altagracia, tierra marcada por la tierna presencia de la Virgen de la Altagracia, su advocación predilecta, su refugio espiritual y aquella que llevaba en el nombre y en el corazón. Allí descansará, en la misma geografía donde tantas veces elevó sus plegarias y encomendó a los suyos.
Hoy, su familia se despide con la certeza que brota de la fe cristiana, esa fe que no niega el dolor, pero lo abraza con esperanza:
“Descansa en la paz del Señor, abuela querida. Tu vida fue un regalo irrepetible, y tu memoria permanecerá para siempre como un tesoro que no se marchita; porque ‘para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia’ (Filipenses 1, 21).
“Las almas de los justos están en las manos de Dios, y ningún tormento podrá alcanzarlos” (Sabiduría 3, 1).
🎵 Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. 🎵
(Concédele, Señor, el descanso eterno y que brille para ella la Luz perpetua.)