
Autor: Billy Renso, asesor y estratega en marketing político, comunicación estratégica y relaciones públicas, Gestión de Riesgos.
Compañeros y compañeras, Hoy no vengo a hablar desde la comodidad de una oficina ni desde el interés de un grupo. Vengo a hablar desde la voz de las bases, desde la voz del militante que trabaja, que camina, que defiende este partido en cada barrio, en cada comunidad y en cada mesa electoral. Porque hay una pregunta que muchos se hacen y que hoy debemos decir en voz alta: ¿Por qué otro debe decidir por mí? El Partido Revolucionario Moderno nació con un propósito claro: ser un partido democrático, participativo y moderno. No fuimos fundados para parecer un club exclusivo donde unos pocos deciden y el resto solo obedece. Fuimos fundados para que las bases hablen, para que el pueblo perremeísta tenga voz y voto en cada decisión importante. Cuando se impide que las bases se pronuncien, no solo se limita la participación: se limita la democracia, se frena el crecimiento y se cierran las puertas a los nuevos liderazgos.
Y yo les pregunto: ¿Cómo sabremos quién suma y quién no suma, si nunca dejamos que el pueblo lo decida? Los liderazgos no se imponen, se construyen. Los verdaderos líderes no temen al voto de las bases; al contrario, lo buscan, lo respetan y lo honran. Porque el voto de un militante vale más que cualquier acuerdo en una habitación cerrada. Compañeros, si permitimos que las decisiones se tomen solo entre pocos, entonces dejamos de ser un partido político y empezamos a comportarnos como un club privado.
Y un club no gana elecciones. Un club no transforma comunidades. Un club no forma líderes. Pero un partido democrático, sí. Necesitamos procesos transparentes, abiertos y participativos para elegir a nuestros presidentes y autoridades. No por capricho, sino porque es lo más democrático, lo más justo y lo más inteligente políticamente. Cuando las bases eligen, el partido se fortalece. Cuando las bases participan, la militancia se motiva. Y cuando la militancia se motiva, ganamos en las calles y en las urnas.
No tengamos miedo a la democracia interna. La democracia no divide; la democracia legitima. La democracia no debilita; la democracia fortalece. Hoy levanto mi voz para decir algo sencillo, pero poderoso: que se pronuncien las bases. Que cada militante tenga el derecho de decidir quién lo representa. Que nadie vuelva a sentir que su opinión no cuenta. Si de verdad creemos en los principios que defendemos ante el país, debemos aplicarlos primero dentro de nuestro propio partido.
Porque no podemos exigir democracia hacia afuera si no la practicamos hacia adentro. Compañeros y compañeras, el futuro del partido no puede depender de decisiones cerradas. El futuro del partido depende de la participación, de la transparencia y de la confianza en nuestra gente. Abramos las puertas. Escuchemos a la militancia. Y dejemos que sea el voto de las bases el que decida quién debe dirigir y quién debe representar.
Solo así podremos decir con orgullo que somos un partido moderno, justo y verdaderamente democrático. Muchas gracias.