San Juan: pilar agrícola y garantía de seguridad alimentaria de la República Dominicana

Escrito por Redacción

 

Por: Héctor Ferreras.

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La provincia de San Juan representa uno de los pilares silenciosos de la economía dominicana. Aunque su aporte directo al Producto Interno Bruto (PIB) se mantiene entre los más bajos del país —al formar parte de la región El Valle, que ronda cerca del 1% del total nacional—, su importancia real trasciende ampliamente las estadísticas.

En términos concretos, San Juan produce una parte significativa de los alimentos que llegan diariamente a la mesa de los dominicanos, convirtiéndose en un eje fundamental de la seguridad alimentaria nacional.

Conocida históricamente como el “granero del sur”, esta provincia concentra una elevada producción de rubros esenciales como habichuelas, maíz, maní y guandules. Su capacidad productiva ha permitido sostener el abastecimiento interno durante décadas, reduciendo la dependencia de importaciones y contribuyendo a la estabilidad de los precios de alimentos básicos.

Sin embargo, este rol estratégico no se traduce en un desarrollo económico proporcional para la provincia.

La economía de San Juan gira en torno al campo. Miles de familias dependen directa o indirectamente de la producción agrícola, desde pequeños y medianos productores hasta transportistas y comerciantes.

No obstante, el modelo económico predominante presenta una debilidad estructural: la producción se queda en materia prima. La ausencia de agroindustrias limita la posibilidad de transformar esos productos en bienes con mayor valor agregado, reduciendo significativamente los ingresos que permanecen en la zona.

En otras palabras, San Juan produce, pero otros territorios son los que capturan la mayor parte de la ganancia.

Expertos coinciden en que el principal desafío de la provincia no es la falta de productividad, sino la ausencia de políticas sostenidas orientadas a la industrialización del campo, el acceso a financiamiento y la modernización tecnológica. A esto se suma la limitada infraestructura para almacenamiento y distribución, factores que inciden directamente en la rentabilidad del productor y en la competitividad de la provincia.

Aunque su peso en el PIB sea reducido, el valor de San Juan dentro de la economía nacional es incuestionable. Su producción garantiza el suministro de alimentos básicos, contribuye a la estabilidad social y sostiene la economía rural. Este tipo de aporte, aunque no siempre se refleja en los indicadores tradicionales, resulta esencial para el funcionamiento equilibrado del país.

El caso de San Juan evidencia las desigualdades territoriales en el modelo de desarrollo dominicano. Mientras las zonas urbanas concentran inversión, industria y servicios, regiones agrícolas como esta continúan rezagadas a pesar de su importancia estratégica.

El desarrollo de San Juan pasa necesariamente por la implementación de políticas que impulsen la agroindustria, fortalezcan las cadenas de valor y promuevan la inversión en el sector agrícola. Convertir su producción en riqueza tangible es el gran reto pendiente

San Juan no solo cultiva la tierra. Cultiva la base alimentaria del país. El desafío está en lograr que ese esfuerzo también se traduzca en bienestar económico para su gente.

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