
SANTIAGO DE CHILE.- A las primeras horas de la mañana del 11 de septiembre de 1973, Chile ingresó en uno de los capítulos más dramáticos de su historia contemporánea. Tanques en las calles, aviones de combate sobre Santiago y el Palacio de La Moneda bajo ataque marcaron el comienzo de un golpe de Estado que puso fin al gobierno constitucional del presidente Salvador Allende y abrió paso a una dictadura militar que se prolongaría durante 17 años.
Este viernes se cumplen 53 años de aquel episodio, que continúa dividiendo opiniones en Chile y cuyo recuerdo permanece estrechamente ligado a las víctimas de la represión, los desaparecidos, los exiliados y las profundas transformaciones políticas, sociales y económicas que siguieron al quiebre institucional.
Una democracia al borde de la ruptura
Salvador Allende había llegado a la Presidencia en 1970 al frente de la Unidad Popular, convirtiéndose en el primer presidente marxista elegido democráticamente en América Latina. Su proyecto buscaba avanzar hacia el socialismo mediante transformaciones estructurales realizadas dentro del sistema institucional.
Pero su mandato estuvo acompañado de una creciente polarización política, conflictos sociales, dificultades económicas y una confrontación cada vez más intensa entre el oficialismo y sus adversarios.
La crisis alcanzó tal magnitud que, en agosto de 1973, la Cámara de Diputados aprobó un acuerdo en el que acusó al Gobierno de haber incurrido en graves quebrantamientos del orden constitucional y legal. El país se encaminaba hacia una confrontación que finalmente desembocaría en la intervención militar.
La mañana que cambió la historia
En la madrugada del 11 de septiembre, las Fuerzas Armadas comenzaron a ejecutar el levantamiento. La Armada tomó rápidamente el control de Valparaíso, mientras en Santiago las unidades militares se movilizaban para ocupar puntos estratégicos.
Allende fue informado de la sublevación cerca de las 7:00 de la mañana y se trasladó al Palacio de La Moneda acompañado de sus colaboradores y miembros de su seguridad personal.
Desde el interior del palacio, el presidente intentó conocer la posición de los altos mandos militares. Sin embargo, el movimiento ya estaba en marcha.
Uno de los elementos decisivos fue la incorporación del comandante en jefe del Ejército, Augusto Pinochet, al movimiento golpista. La acción militar involucró a las principales ramas de las Fuerzas Armadas y Carabineros.

«La Moneda» bajo fuego
Mientras las tropas rodeaban el palacio presidencial, los militares exigieron la rendición de Allende.
El mandatario se negó.
Poco antes del mediodía, aviones Hawker Hunter de la Fuerza Aérea de Chile atacaron La Moneda. El edificio comenzó a incendiarse mientras en su interior permanecían Allende y sus colaboradores.
Las imágenes del palacio presidencial en llamas se convertirían en uno de los símbolos más poderosos del quiebre democrático chileno.
Hacia las primeras horas de la tarde, las fuerzas militares ingresaron al edificio. Allende había ordenado previamente la evacuación de varios de sus colaboradores, pero decidió permanecer en el palacio.
La muerte de Salvador Allende
Salvador Allende murió ese mismo 11 de septiembre dentro de La Moneda.
Durante décadas existieron controversias sobre las circunstancias exactas de su muerte. Sin embargo, las investigaciones realizadas posteriormente por el Servicio Médico Legal y la Justicia chilena establecieron oficialmente que el presidente se suicidó durante el asalto militar.
Con su muerte terminó abruptamente el Gobierno de la Unidad Popular.
Horas después, los comandantes de las Fuerzas Armadas y Carabineros constituyeron una Junta Militar que asumió el control del país.
Al frente del Ejército quedó Augusto Pinochet, quien posteriormente se convertiría en la principal figura del nuevo régimen.
El ascenso de Pinochet
Lo que comenzó como un golpe de Estado contra el Gobierno de Allende derivó en un régimen militar que permanecería en el poder hasta 1990.
Pinochet concentró progresivamente el poder y se convirtió en la figura dominante de la dictadura. Durante esos años fueron suspendidas las instituciones democráticas, se disolvió el Congreso y se produjo una intensa persecución contra opositores políticos.
La represión dejó miles de víctimas. Organismos y comisiones oficiales documentaron asesinatos, desapariciones forzadas, torturas, prisión política y exilio.
El Estadio Nacional de Santiago, entre otros lugares, fue utilizado como centro de detención después del golpe.
La dictadura también impulsó profundas transformaciones económicas que modificaron el modelo de desarrollo chileno y que, décadas después, continúan siendo objeto de debate entre defensores y críticos del régimen.
Diecisiete años de dictadura
Pinochet permaneció como jefe de Estado hasta 1990.
En 1988, un plebiscito rechazó la continuidad del régimen y abrió el camino hacia la transición democrática. Dos años después, Patricio Aylwin asumió la Presidencia y Chile inició una nueva etapa institucional.
Sin embargo, el legado de aquellos 17 años no desapareció con el retorno de la democracia.
La búsqueda de desaparecidos, los procesos judiciales contra responsables de violaciones de derechos humanos, el reconocimiento de las víctimas y la discusión sobre el papel de las Fuerzas Armadas han permanecido en el centro de la memoria nacional.
Un aniversario que todavía divide a Chile
Cincuenta y tres años después, el 11 de septiembre continúa siendo una fecha cargada de emociones y posiciones políticas enfrentadas.
Este 2026, por primera vez desde el retorno a la democracia, el Gobierno chileno decidió no organizar un acto oficial para conmemorar el aniversario del golpe. La decisión del presidente José Antonio Kast ha generado críticas de sectores de la oposición y de organizaciones vinculadas a la memoria y los derechos humanos.
El expresidente Gabriel Boric, por su parte, acudió este viernes a la tumba de Allende para rendir homenaje al mandatario depuesto y sostuvo que la ausencia de una ceremonia oficial no impide mantener viva la memoria de aquel acontecimiento.
Una herida que permanece abierta
El golpe del 11 de septiembre de 1973 no fue solamente el final de un Gobierno. Fue el quiebre de la institucionalidad democrática chilena y el inicio de una dictadura que transformó profundamente al país.
La imagen de La Moneda incendiada, los últimos mensajes de Allende y el rostro de Pinochet convertido en símbolo de una época permanecen grabados en la memoria colectiva.
A 53 años de aquella jornada, Chile continúa enfrentando una pregunta que atraviesa generaciones: cómo recordar un episodio que todavía despierta posiciones irreconciliables sin olvidar a quienes sufrieron sus consecuencias.
Porque el 11 de septiembre de 1973 no terminó cuando los militares tomaron La Moneda. Sus consecuencias continuaron durante décadas y todavía forman parte del debate sobre democracia, derechos humanos, memoria y reconciliación en Chile.