
Por Ingeniero Robert Florentino.
El tratamiento inadecuado de aguas residuales contribuye al 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. En América Latina, donde apenas procesamos el 30% de nuestras aguas servidas, liberamos metano —28 veces más potente que el CO2— directamente a la atmósfera.
Sin embargo, esta crisis esconde una oportunidad extraordinaria. Las aguas residuales pueden generar cinco veces más energía de la que requiere su tratamiento, suficiente para abastecer a 500 millones de personas anualmente. Además, el agua tratada podría irrigar 40 millones de hectáreas y recuperar el 13.4% de los nutrientes agrícolas globales.
Esta transformación es especialmente urgente considerando que millones de personas ya viven en regiones con escasez hídrica absoluta.
Podemos acelerar este cambio facilitando alianzas entre industrias y plantas de tratamiento, integrando el reúso en planes municipales y promoviendo proyectos piloto. El principal obstáculo no es tecnológico sino cultural: debemos dejar de ver las aguas residuales como desecho y comenzar a valorarlas como recurso.