El Fin de la Angustia: Un Triunfo de la Empatía y la Institucionalidad en RD

Escrito por Redacción

 

Por: Javier de Jesús Rodríguez.

Hay dolores que, por más que uno intente describirlos, se quedan cortos en el papel. En nuestra República Dominicana, pocas tragedias calan tan hondo en el alma de un barrio, de un campo o de una familia entera, como el momento en que un ser querido sale por la puerta y no regresa. Todos hemos visto, con un nudo en la garganta, esos afiches pegados en los postes de luz, los llantos desgarradores en la televisión y a padres haciendo de tripas corazón, caminando bajo el sol inclemente, buscando respuestas.

Y hasta hoy, la respuesta del sistema solía ser un balde de agua fría: «Hay que esperar 24 horas». En el reloj de una madre que no encuentra a su hijo, o de una familia que pierde el rastro de un abuelo con Alzheimer, 24 horas no son un día; son una eternidad, una sentencia de muerte. Ese vacío legal, esa inacción protocolar, nos estaba costando vidas.

Pero hoy, la historia cambia. Y en esta columna, donde habitualmente desmenuzamos las estrategias y los retos sociopolíticos de nuestro país, es momento de hacer una pausa justa y necesaria para aplaudir. No vamos a hablar de críticas, sino de soluciones tangibles y de cómo la institucionalidad, cuando se aplica con voluntad, le cambia la vida a la gente de a pie.

Hoy celebramos la promulgación de la Ley que crea el Sistema Nacional de Alertas (Alerta RD) . Este no es un simple pedazo de papel aprobado en el Congreso; es el fin de la espera agonizante.

Es de justicia, y me llena de un orgullo sincero, reconocer a las fuerzas propulsoras de esta iniciativa. A las diputadas que se pusieron los pantalones y no dejaron que este proyecto muriera en una gaveta. Y de manera muy especial, toca felicitar a nuestra querida amiga, la diputada Liz Mieses. Una mujer de trabajo incansable, que ha demostrado con hechos, tacto y estrategia, ser una verdadera servidora del pueblo dominicano. Su visión ha sido clave para articular este esfuerzo. En una conversación directa que sostuvimos con ella, nos compartió en exclusiva su sentir sobre este hito. Sus palabras, que hoy cedemos a nuestros lectores, resumen a la perfección el alma de esta conquista:

«La aprobación definitiva de la Ley Alertas RD representa un paso trascendental para la protección de niños, adolescentes, adultos mayores y personas desaparecidas en la República Dominicana. Más que una ley, es una herramienta que permitirá actuar con rapidez, coordinación y sentido humano en momentos donde cada minuto cuenta.»

Y Liz no se equivoca, porque la estrategia detrás de esta ley es brillante y ataca el problema de raíz. Primero, arranca de cuajo la maldita espera de 24 horas. Desde el minuto cero de la denuncia, el Ministerio Público, la Policía Nacional y el 9-1-1 tienen la obligación legal de articularse. Segundo, descentraliza y clasifica el riesgo: tendremos la Alerta Amber para nuestros muchachitos; la Alerta Silver para proteger a los envejecientes; la Alerta Azul para personas con discapacidad; y la Alerta Rosa, un escudo vital para nuestras mujeres frente a los tentáculos de la trata.

Además, el cerco es implacable. ¿Se imaginan el impacto logístico de que el celular de cada dominicano reciba un mensaje de texto masivo en tiempo real con la foto y los datos del desaparecido? Los puertos, aeropuertos, fronteras, la radio y la televisión se convierten instantáneamente en una red de vigilancia ciudadana. Ya no habrá fronteras porosas por las que sacar a una víctima sin que el país entero esté avisado.

Si miramos el panorama internacional, los datos son irrefutables. En Estados Unidos, desde la implementación del sistema AMBER, más de 1,140 niños han sido rescatados con vida específicamente gracias a la emisión de estas alertas, muchas veces en las primeras 3 a 6 horas críticas. En México, países europeos y varias naciones de América Latina, la instauración de alertas inmediatas y focalizadas ha disparado las tasas de recuperación a más de un 70% en las primeras 72 horas.

Para nosotros, que arrastramos la triste estadística extraoficial de más de 2,000 desaparecidos en los últimos cuatro años, y el recuerdo latente de casos que nos rompieron el corazón como los de los pequeños Frainier, Roldani y Briagna, esta ley es un bálsamo. Es la garantía de que esa estadística va a bajar drásticamente, porque le estamos quitando al crimen organizado, a los tratantes y a la fatalidad, su mejor aliado: el tiempo.

Hoy, la República Dominicana da un salto enorme en madurez estatal y en protección civil. A Liz Mieses, a Carmen Ligia Barceló, al Congreso Nacional y a todos los que impulsaron este clamor ciudadano: gracias. Hoy ganamos todos. Hoy, el Estado dominicano le dice a sus familias que no están solas, y que cada minuto, y cada vida, importa.

¡Que Viva la Libertad!

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