
Autor: Billy Renso
Marketing Político-Gestion de Riesgos.
Esa famosa frase concluyente de Al Pacino interpretando a Lucifer en la película El abogado del Diablo, “Vanidad, mi pecado favorito”, refleja la debilidad más frecuente y certera a la que el ser humano se enfrenta, y que resulta la trampa perfecta, para perderlo todo justo en el mejor momento de nuestras vidas. El mismos caso de la carencia en reconocimiento, de toda la vida, pero ahora potenciado por la tecnología; carencia genera necesidad; necesidad genera deseo; deseo genera acción; acción genera respuesta; respuesta genera evaluación; evaluación genera nueva carencia; el humano es un barril sin fondo.
El Rey Salomón, era el hombre más rico y sabio del mundo, tenía un harén de más de 700 mujeres, escribió lo siguiente: Vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. Eclesiastés 1-6 Tienen todos un vacío que solo Dios puede llenar, cada persona tiene un vacío en su vida alma espíritu que solo puede ser llenado por el único Dios verdadero. No importa qué otra cosa pueda intentar una persona, nada más encaja correctamente en este vacío. Aunque podemos tratar de llenar este vacío con otras cosas como filosofía, pasatiempos, otras personas u otras creencias, nada encaja bien excepto Dios.
La Biblia describe nuestros corazones naturales como «engañosos» y dice que no podemos entenderlo completament1e (Jeremías 17: 9). Cuando buscamos llenar nuestros propios corazones a través de actividades humanas, finalmente nos quedamos vacíos y en carencia. Es cierto que en las actividades humanas podemos encontrar cierta satisfacción e incluso felicidad. Después de todo, Dios nos diseñó para la vida en la tierra. Pero es solo en Él que nuestras actividades y relaciones terrenales cumplen su propósito de la mejor manera.
Estas cosas nunca podrían dar sentido a nuestras vidas como Dios puede hacerlo; pero en Dios, nuestras actividades terrenales son una parte válida y necesaria para vivir una vida significativa. Sin embargo, cuando nos dirigimos hacia las cosas terrenales, o incluso a otros humanos, para llenar nuestro «vacío que solo Dios puede llenar», descubrimos que no encajan del todo bien y generalmente son bastante temporales. Dios es eterno, lo único que permanece es su voluntad, todo lo demás es pasajero.