
«¡No estamos aquí para hacer turismo, sino para rezar el rosario!», regaña un trabajador del Vaticano a dos fieles que toman fotos de la monumental basílica de San Pedro antes de una oración excepcional por la salud del papa Francisco, hospitalizado fuera de allí.
El jesuita argentino de 88 años se encuentra ingresado por una doble neumonía desde el 14 de febrero en la clínica Gemelli de Roma, a unos 4 kilómetros al norte del Vaticano, y desde entonces no ha hecho ninguna aparición pública.
En este domingo, los ríos de peregrinos del Jubileo, que llegan a la barroca plaza de San Pedro portando una cruz, pueden disfrutar del sol invernal, pero no del papa, ausente por tercera semana consecutiva del tradicional Ángelus.
A las 12 del mediodía en punto, las campanas del Vaticano empiezan a sonar, pero nadie aparece en la ventana del Palacio Apostólico, que permanece cerrada.
«La primera idea cuando llegas a la plaza es mirar a la ventana donde suele aparecer. Por desgracia ahora…», lamenta Lorena Compare, una contable de 49 años oriunda de Como, en el norte de Italia.
Los jubilados italianos Rossella Matteucci e Ivan Pederzoli, constatan que hay mucha menos gente. «Si el papa hubiera estado en la ventana, habría muchos más. Rezamos por su recuperación», subraya la mujer.