La Partidocracia y el Ciudadano: El Asedio a la Boleta Libre y la Doble Moral en República Dominicana

Escrito por Redacción

 

Por: Javier de Jesús Rodríguez Estévez.

A quienes nos duele esta media isla, a quienes la caminamos, la sudamos y la vivimos, nos embarga una profunda indignación cuando vemos que aquellos elegidos para proteger nuestras leyes intentan, a plena luz del día, maipiolar la democracia. Lo que estamos presenciando en este mes de marzo de 2026 en los pasillos de nuestro Congreso Nacional no es una simple reforma electoral para «organizar» un proceso; es un atentado directo al pudor de la Constitución y un secuestro descarado de la voluntad del soberano.

Para entender la magnitud del despojo que intentan hacernos, debemos despojarnos de la mentira que nos han repetido por décadas y viajar a la cuna de la civilización política: la Atenas del siglo V a.C. En los albores de la democracia, los partidos políticos no existían. Los griegos aborrecían el faccionalismo, porque sabían que dividía al pueblo. Cualquier ciudadano libre tenía el derecho y el deber cívico de gobernar y ser gobernado.

El sistema se erigía sobre la isegoría, el derecho sagrado e igualitario de todo ciudadano libre a tomar la palabra en la Asamblea Pública, a elegir y a ser elegido por su propio mérito. Para garantizar que el poder no fuera secuestrado por élites organizadas, la inmensa mayoría de los cargos públicos no se elegían por votación, sino por sorteo.

La representación era un acto puramente individual. Hoy, la verdadera candidatura independiente no es un invento moderno ni un «desorden»; es el intento legítimo de devolverle el poder al ciudadano y arrebatárselo a las cúpulas.

La Cosmovisión Global y la «Trampa» del Sistema

A nivel mundial, la irrupción de ciudadanos libres es una fuerza indetenible. George Washington, al asumir la presidencia de Estados Unidos en 1789 sin afiliación partidaria, advirtió proféticamente sobre el veneno de las facciones. En tiempos recientes, figuras como Emmanuel Macron en Francia o Nayib Bukele en El Salvador capitalizaron el hartazgo de sus pueblos frente a las estructuras tradicionales.

Pero aquí es donde los defensores del status quo nos lanzan su dardo envenenado: afirman que esos líderes no fueron «independientes puros» porque utilizaron plataformas políticas. Tienen razón en la forma, pero mienten vilmente en el fondo: lo hicieron porque el sistema los obligó.

Las leyes electorales en casi todo el mundo están amañadas para bloquear al individuo. Obligan al ciudadano a estructurar «movimientos» (sometiéndolos a las mismas exigencias burocráticas de los partidos que tanto daño han hecho) o a alquilar siglas prestadas. La verdadera independencia ciudadana —como la lograda con valentía por Pedro Kumamoto y Carlos Alberto Manzo en México— es aquella donde la ley le permite al individuo competir recolectando el apoyo directo de su gente, sin obligarlo a disfrazarse de agrupación política.

La Lección de Colombia: La Alianza Ciudadana de 2026

Mientras nosotros retrocedemos, otros avanzan. Miremos hacia Colombia en este mismo mes de marzo. Tras la «Consulta de las Soluciones», el país suramericano nos ha dado una cátedra de madurez cívica.
Claudia López y el académico Leonardo Huertas han consolidado una alianza estratégica histórica, inscribiendo formalmente su fórmula presidencial y vicepresidencial. Respaldados por más de 618,000 votos conjuntos y utilizando el mecanismo de firmas ciudadanas, han demostrado que la independencia no es sinónimo de caos. Han probado que los ciudadanos, con propuestas técnicas y visión de Estado, pueden aglutinar el centro político y disputar el poder ejecutivo sin tener que arrodillarse ante los caciques de siempre.

El total acumulado de votos de todos los candidatos independientes en las consultas de las soluciones interpartidistas de marzo de 2026 fue de 2.451.683 votos.

Una Clase Cívica para los Arquitectos del Miedo

Para justificar este cerco en la República Dominicana, los legisladores esgrimen una excusa pobre: «Si aprobamos las candidaturas independientes, la boleta será una sábana inmanejable de miles de candidatos».

Hagamos una breve clase de investigación democrática y derecho electoral comparado para desmontar esta falacia. En los sistemas políticos que permiten la participación independiente (como Chile, México o Estados Unidos), la boleta no se extiende infinitamente porque existen mecanismos de filtro democrático.

Una candidatura independiente no significa que cualquiera que amanezca con ganas de ser presidente o alcalde aparecerá en la boleta. Los sistemas exigen de manera general lo siguiente:

1. Umbrales de Firmas Validadas: El candidato debe recolectar un porcentaje significativo de firmas del padrón electoral (por ejemplo, el 1% o 2% de los electores de su demarcación), firmas que son rigurosamente auditadas por el órgano electoral (en nuestro caso, la Junta Central Electoral).

2. Garantías Económicas o Fideicomisos: Mecanismos donde el candidato demuestra respaldo para su campaña sin recurrir a fondos ilícitos.

3. Depósito de un Plan de Gobierno: Exigencia de una propuesta técnica real.

El filtro para evitar el desorden existe, pero es un filtro basado en el respaldo ciudadano auditable, no en el dedo caprichoso del presidente de un partido.

La Doble Moral y el Filtro de la «Pulcritud»

La segunda excusa es aún más insultante. Dicen, con sus caras duras, que la sociedad civil y el sector privado «no están preparados» para llevar candidatos pulcros y con hojas de vida intachables ante la sociedad.

Ante este atentado al sentido común, apelo y hago mías las certeras palabras del comunicador Jaime Rincón, quien ha puesto el dedo en la llaga desnudando la hipocresía del sistema. Rincón les ha recordado a estos fariseos de la política una verdad que duele: son precisamente esas plataformas partidistas «organizadas» las que históricamente nos han llenado el Congreso y las alcaldías de narcotraficantes (algunos hasta pedidos en extradición), lavadores de activos, personajes con sentencias por actos de corrupción, golpeadores de mujeres, violadores y personas de la más dudosa procedencia. ¿Es ese el famoso «filtro» que defienden los partidos tradicionales? ¿Un sistema que le cierra la puerta en la cara al profesional honesto, al académico y al líder comunitario, pero le tiende una alfombra roja al dinero ilícito y al prontuario criminal, siempre y cuando paguen la cuota del partido? La doble moral es asqueante.

El Cerco Dominicano: Un Desacato Institucional

El Tribunal Constitucional, mediante la histórica Sentencia TC/0788/24 —fruto de la titánica e invaluable lucha jurídica del abogado Alberto Fiallo-Billini—, reconoció de manera categórica que postularse a un cargo de elección popular es un derecho fundamental que no puede estar condicionado a la militancia partidaria. El Tribunal desmanteló la «trampa», sentenciando que subordinar una candidatura libre a los requisitos de un partido viola la Constitución.

¿Y cuál ha sido la respuesta de nuestros honorables legisladores ante este mandato supremo? En un acto de autoprotección corporativa, el Senado de la República aprobó de urgencia la derogación de los artículos 156, 157 y 158 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral (20-23), y la Cámara de Diputados ha cerrado filas en la misma dirección de censura. Legislar para cercenar un derecho fundamental, explícitamente garantizado por el Tribunal Constitucional, constituye, con todas sus letras, un franco desacato a la máxima autoridad de control del Estado.

Mensaje al Excelentísimo Señor Presidente Luis Abinader

Querido compañero, señor Presidente Luis Abinader,

​Te escribo estas palabras hoy, no como un militante más de nuestro Partido Revolucionario, sino de corazón a corazón, como un ciudadano de a pie y, sobre todo, como el hijo de una madre dominicana a la que le duele profundamente el destino de esta media isla. A lo largo de tu vida pública, has forjado un legado libertario inquebrantable, defendiendo siempre que el poder verdadero no reside en las élites corporativas o políticas, sino en nuestra gente: en el colmadero, en la madre de familia, en el emprendedor y en cada dominicano que se levanta a sudar la patria, sin importar su clase social.

​Ese mismo espíritu es el que te ha llevado a alzar la voz por la libertad de los ciudadanos y ciudadanas en los foros internacionales más exigentes. Te hemos visto representar nuestra bandera con orgullo en Chile y en Miami, compartiendo y defendiendo la visión de una sociedad libre de ataduras frente a líderes globales como Trump, Milei y Bukele. Señor Presidente Luis Abinader, no permitas que ese inmenso legado, construido con tanta valentía, se manche o se empañe en nuestra propia tierra. No permitas que se consume este ataque directo al pudor constitucional que intenta asfixiar el derecho de nuestra gente a elegir libremente. Sigamos del lado correcto de la historia, dando la batalla unidos para devolverle la soberanía a su único y legítimo dueño: el pueblo dominicano.

Reflexión Final

El sistema de partidos no le teme a una boleta larga; le teme a un ciudadano libre. Le teme a que un líder que no tiene precio pueda someterse al escrutinio del pueblo sin deberles favores y sin someterse a sus agendas oscuras.

La historia nos observa. Permitir que el Congreso derogue estas conquistas es aceptar que nuestra democracia es propiedad privada de unos pocos. Es hora de decidir si seguiremos siendo rehenes de una partidocracia que se aferra al monopolio del poder albergando lo peor de la sociedad, o si, con la fuerza de la ley y el espíritu de la verdadera democracia, reclamamos por fin nuestro sagrado derecho a ser dueños de nuestro propio destino.

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