
Elaborado y escrito por: Robert Florentino
Las abejas son insectos polinizadores. La polinización es un proceso fundamental para los ecosistemas, así como para la producción y reproducción de muchos cultivos y plantas silvestres.
En todo el mundo más o menos el 90% de las plantas son con flores, el 75% de los cultivos alimentarios y el 35% de las tierras agrícolas dependen de la polinización.
Las diferentes especies de abejas tienen una función particular en los ecosistemas. Por ejemplo, las abejas halíctidas polinizan cultivos importantes como la alfalfa, girasoles y las cerezas. Y así las 20,000 distintas especies que existen cumplen con esta función, promoviendo el crecimiento de cultivos que van desde el ajo hasta el café.
Esto implica que si las abejas silvestres y domésticas desaparecieran, la alimentación del hombre estaría limitada a alimentos básicos como la papa o el maíz. Lo que a la larga traería consecuencias alimentarias inimaginables para el mundo.
Entre 2006 y 2015 se reportó aproximadamente 25% menos de especies observadas en estado silvestre. Y si bien es difícil comprobar si hay especies de abejas que estén extintas por completo sí se puede asegurar que las silvestres no están prosperando o reproduciéndose como en otras épocas.
El cambio climático causa aumento de las temperaturas y esta ocasiona muerte o expulsión de muchas especies de abejas de sus hogares. De la misma manera la introducción de especies no autóctonas para polinizar cultivos agrícolas específicos introduce patógenos que provocan pandemias entre los insectos.
Como sociedad hay varias acciones que podemos implementar para frenar la desaparición de las abejas. Entre estas se encuentra:
• Cultivar plantas autóctonas que florezcan en diferentes épocas del año.
• Comprar miel sin refinar a agricultores locales.
• Comprar productos de agricultores con prácticas sostenibles.
• Proteger colonias de abejas silvestres.
• Apadrinar una colmena.
• Dejar un cuenco con agua limpia, piedras o palos para que las abejas beban y no se ahoguen.
• Orientar a las personas que las abejas no se matan.
Mientras que los agricultores pueden:
• Reservar zonas como hábitat natural.
• Crear barreras vegetales.
• Reducir o modificar el uso de pesticidas.
• Respetar los lugares de anidación.
• Sembrar atractivos de cultivo alrededor del campo.